domingo, mayo 30, 2010

El Himno de Chile y Don Andrés Bello.

En los archivos audiovisuales de la Biblioteca Nacional reposaban hacía décadas partituras del siglo XIX llegadas de la Escuela Superior de Música y del archivo de José Ángel Montero, estos vendidos a la Biblioteca en 1938. Entre ellos estaban dos, en anverso y reverso de una misma hoja, con el título de Canción Nacional N° 1 y Canción Nacional N° 2, ordenadas para que se ejecutaran una después de otra. La N° 1 era el Gloria al Bravo Pueblo, de 1840, considerado el más antiguo manuscrito de lo que después fue nuestro Himno Nacional.
Rescatadas por Ignacio Barreto, de la BN, y el compositor e investigador Diego Silva Silva, fueron restauradas y es cuando se decide su ejecución, todo con el patrocinio de Pdvsa La Estancia. Cuando ensayaban encontraron que el estilo de la Canción Nacional N° 2 era distinto, modo frigio español; no se parecía a ninguna de las otras, y un día de abril de 2008 el tenor Andrés Algara, solista de esa canción, les comentó que un chileno que había escuchado los ensayos les dijo que ese era el Himno Nacional de Chile. Mayúscula sorpresa. ¿Cómo era posible que una pieza seguramente compuesta en 1827-30 en Caracas pudiese ser el Himno de Chile?
Comenzaron a investigar, y lo primero que observaron fue la similitud en la música. Se enteraron del origen del himno chileno, supieron que el embajador de Chile en Londres, Mariano Egaña, envió a Santiago en 1827 una nueva versión; en 1841 el presidente Bulnes hizo cambiar su letra por una no tan antiespañola; después hubo un vacío, hasta 1867 cuando fue reconstruido.
¿Tuvo alguna injerencia Andrés Bello en ese proceso? Barreto y Silva creen que hay razones, pues Bello sabía música y seguramente la escribía, estuvo varios años en Londres incluso como funcionario del Consulado de Chile, y señalan cómo se valora el exilio (él fue un exiliado) en sus estrofas finales:
"Dulce Patria recibe los votos
Con que América toda juró
Que a la tumba será de los libres
O el asilo contra la opresión"
El caso es que le escribieron a varios músicos en Santiago y a la Biblioteca Nacional y no han encontrado ninguna respuesta que demuestre algún interés por aclarar la dudas que aparecieron junto a la partitura igual, pero muy anterior, al himno nacional chileno. Es raro que los chilenos no tengan ningún interés en despejar esas interrogantes.



Tomado de: Los Domingos de Díaz Rangel

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