jueves, agosto 21, 2008

La Rimbombanda

Son chicos y chicas; tienen entre 10 y 19 años. Son artistas surgidos a las márgenes del río Quilpo, en San Marcos Sierras, en la provincia de Córdoba. Desde allí, entre calles de tierra y casas de colores, le ponen letra y música –divirtiéndose, casi como jugando pero muy en serio- a sus alegrías, preocupaciones, miedos, tristezas y esperanzas. Hablan a todos los niños, pero, muy especialmente, a todos los adultos del mundo. Tocan instrumentos nada formales que construyen ellos mismos; y en escena son imperdibles.

La Rimbombanda es el resultado del proyecto educativo PuenteArte que desde 1996 desarrollan en forma independiente Nani Dutelli y Ricardo Collado. “Un proyecto imbuido de los ideales pedagógicos de la Educación por el Arte y el Cooperativismo Escolar que apuestan a la formación en valores humanos, no desde los sermones sino a partir de emprendimientos en donde los chicos puedan encontrarse y experimentar acuerdos esenciales”, cuenta Ricardo. La tarea pedagógica que Collado realiza junto a su compañera abarca: la estimulación temprana en los lenguajes artísticos; talleres de exploración creativa a través del arte; y talleres de expresión y creación a través de la música, con una mirada antropológica que permite apreciar y valorar las culturas primordiales y aborígenes, la casi originaria relación del hombre con la música, los instrumentos primitivos, los que han sobrevivido hasta hoy, y aprender a construirlos también. “Para nosotros es muy importante que los chicos no olviden su capacidad creadora mientras atraviesan el proceso de escolarización, que por lo general está centrado en objetivos cognitivistas dándole escasa importancia a lo que los niños puedan producir desde lo expresivo”, señala Ricardo.
La Rimbo se conoció inicialmente como la bandita PuenteArte; comenzó tocando en las muestras que Nani y Ricardo organizaban para los padres de los chicos en su propio espacio de trabajo, y con el tiempo salió a las escuelas de la zona para mostrar su encanto a los adultos, transmitir su entusiasmo a los chicos y emocionar a todos. La primera vez que tocaron en público fue en el 2001, en ocasión de un encuentro de cooperativismo, en Capilla del Monte. Para Genaro -vocalista de la Rimbo-, “aquella fue una experiencia muy fuerte, había unas 3000 personas para escucharnos”. Ricardo, recuerda que “hasta ese momento los chicos tocaban sentados en sillitas de jardín, pero esa vez les propuse que nos paráramos, disfrazáramos y bailáramos lo más que pudiéramos. Estábamos muy nerviosos, antes de comenzar nos tomamos de las manos en ronda, respiramos juntos, vocalizamos y salimos a mostrar lo nuestro: fue un éxito rotundo”.
Desde entonces, la Rimbo no tardaría en ganar la plaza del pueblo realizando conciertos que despertaron el interés de los locales, así como de los turistas que habitualmente visitan San Marcos. “Yo en la plaza me siento libre, cómoda”, dice Lua –a cargo de accesorios y vientos-. “Es que el público en general es gente que conocés, de repente vienen de otro lado del pueblo, justo pasan por acá, escuchan y se quedan; y te dicen: Ah, esa canción es nueva …”, cuenta Milton – responsable de surdos, vientos y accesorios -.
Claro que los chicos de la Rimbo también se han presentado en escenarios cerrados y ante públicos desconocidos y entonces la historia, se cuenta diferente. “Yo en un teatro estoy más tenso, más nervioso”, dice Gabino, corista de la Rimbo – a cargo también de surdos, accesorios y vientos -. Para Genaro “la exigencia como artista es la misma, cambia que en el teatro te vienen a ver especialmente a vos y la atención es otra”. Y si de presentaciones en teatros se trata, imposible dejar de mencionar la experiencia en Buenos Aires.
Durante las vacaciones de invierno del 2004 la banda se presentó en la sala Alberdi del Centro Cultural San Martín con los temas de su primer disco: Cartón y Aserrín. “Esa fue una experiencia extraordinaria”, recuerda Ricardo, y sigue: “En los chicos se produjo una transformación muy importante, comprendieron los códigos de un espectáculo a puertas cerradas y eso los abrió a nuevas ideas escénicas”. En tanto, Lua, Milton, Gabino y Nahuan coinciden en que “esa fue la experiencia más fuerte que les tocó vivir hasta el momento como integrantes de la banda, que –y en esto también acuerdan todos– es parte de sus vidas, los llena de orgullo y da alegría; es trabajo, dedicación, estudio; e implica otra relación con la música”. Para Gabino, por ejemplo, “ser parte de la banda es descubrir otro lado de la música; es igual de diferente a ver el río de afuera o el río de adentro, si estás adentro ves, además del agua, las piedras del fondo, descubrís otra belleza”.
Entre las particularidades de esta banda de niños-músicos se halla la del tipo de instrumentos que tocan: vientos hechos con mangueras y ruedas de bicicletas; tambores construidos a partir de latas, accesorios como pequeñas escobillas de mano, entre otros. Consultado sobre esto, el director de la Rimbo, contó: “El uso de instrumentos no formales, construidos por los propios chicos, es parte de la propuesta educativa inicial. Cuando se construye un instrumento musical se disparan resortes arquetípicos, emociones ancestrales profundas, se liberan entusiasmos que ayudan a conducir la exploración y el ensamble, permitiendo que cada uno se apropie de la actividad”. La presencia activa y creadora de los chicos se ve y se siente no sólo porque son los músicos en escena sino también en la temática de las canciones que cantan. “Porque los chicos no están desvinculados del proceso de compo
sición, es que los temas que integran el repertorio de la Rimbo están muy ligados a sus pensamientos y sentimientos. A medida que la banda fue creciendo Nani y yo nos vimos obligados a componer pero lo hacemos siempre con la supervisión de ellos”, señala Collado. Al respecto, tal vez la canción más emblemática sea: “Lo que no aguanto”, a través de cuya letra los pequeños músicos cuentan, precisamente, aquello que no soportan: los recreos que se acaban, los gritos de mamá, las injusticias, los amigos falsos, el descuido hacia el medio ambiente, que le quiten las tierras a los indígenas y, a veces, hasta ellos mismos. De lo que se trata es de compartir con sus pares las emociones, pero también de recordar a los adultos sus responsabilidades. “La Rimbo es una posibilidad de transmitir diferente”, cuenta Gabino, y agrega: “no es lo mismo una maestra seria en la escuela leyendo los Derechos de los Niños párrafo por párrafo, que una canción dónde se recuerdan esos Derechos. Con la Rimbo le ponemos color a las cosas”. Para Nahuán “es una trasmisión de sentimientos”. Tal vez por ello, como cuenta Lua, “no se trata de música nada más, no es sólo sonido, es una letra que hay que entender”.
Lo cierto es que La Rimbombanda le ha puesto ritmo y color a las tardes de domingo en la plaza de San Marcos al mismo tiempo que ha logrado que chicos, pero también grandes, se detengan a escuchar y pensar, divertidamente, sobre las historias de cada día.


Tomado de: Revista Planetario


Programa Compás, La Escuela es un gran Acorde

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