jueves, octubre 11, 2007

El trabajo sensorial y motriz

En el diseño de actividades para trabajar los contenidos referidos a las formas musicales será necesario priorizar la experimentación como procedimiento y, más concretamente, la relación que debería establecerse entre el trabajo sensorial y el motriz.
Sabemos que uno de los medios más convenientes y una de las vías más efectivas para fomentar el diálogo entre el individuo y su entorno es a través del mundo sonoro. De la misma manera, cuanto más alta sea la interacción con el entorno a partir de la música, más profunda será la comprensión de la misma música. Niños y niñas, tanto si oyen la música como si sólo perciben sus vibraciones, no la escuchan pasivamente, sino que necesitan responder con movimiento a todo lo que suena. Así, el acto sensorial de escuchar se ve forzado si se traduce el sonido en movimiento (en el juego o la danza), desde las secuencias más sencillas hasta las más complejas; y a la inversa, la labor motriz se expande si se traduce el movimiento en sonido (el gesto, la canción y la expresión instrumental). El contraste del que se parte para un aprendizaje eficaz de la música se facilitará con experiencias motrices. por esta razón, la danza y la canción, al mismo tiempo que son nexos entre muchas disciplinas, han de ser las protagonistas principales del área de Música. Su uso para trabajar las formas musicales, la historia y la evolución de la música es imprescindible, ya que ayudan al alumnado a interiorizar la diversidad musical (lugares, épocas, autores, formas, parámetros, repeticiones, imitaciones, etc.) y, además, posibilitan el protagonismo del alumnado. Lo mismo cabe decir respecto a la expresión instrumental, pues el instrumento debe entenderse como una prolongación del cuerpo.

Tomado de: Alsina, P. y Sesé, F. (1994): La Música y su Evolución. Madrid: Grao.

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