sábado, septiembre 15, 2007

La frontera entre Sonido y Música (Historia de la Música, II)

Si bien la expresión sonora (el grito de dolor, el llanto, la manifestación de alegría) es inherente en el ser humano, es lógico pensar que los primeros sonidos estructurados y articulados (ya no gemidos o gritos) fundamentados en la imitación del entorno sonoro son la base del lenguaje. O sea, que el camino hacia la creación de un lenguaje propio pasó primero por la expresión personal y por la imitación de los sonidos de la naturaleza, después por ordenarlos, y por último por la invención de sonidos nuevos. Así, la ordenación de sonidos con intención comunicativa y/o expresiva, es decir lo que en general se entiende por música, o bien fue el estadio inmediatamente anterior al lenguaje hablado o quizá podemos considerar que el lenguaje musical y el lenguaje verbal nacieron al mismo tiempo.
En muchos lenguajes actuales (primitivos o elaborados) un mismo sonido pronunciado en diferentes alturas puede tener varios significados, de la misma manera que una frase puede tener diferente significado según su entonación. Incluso podemos entender mal un mensaje si la entonación está mal resuelta. Estamos ante un aspecto más sonoro que verbal, que ya comenzó cuando la comunicación se realizaba sobre sonidos, sobre células melódicas y, todavía actualmente, en algunas culturas, hay mensajes que se pueden expresar únicamente a través de sonidos, sin palabras, como pasa en la isla de Gomera, donde unos silbatos permiten comunicarse entre montañas alcanzando gran precisión. Variedad de formas de expresión oral y auditiva del planeta es increíble: mientras que unas culturas se pueden comunicar mediante variaciones de alturas de sonidos (más melódicas), otras prefieren la comunicación rítmica y utilizan sólo uno o dos sonidos de altura diferente. Los dos aspectos atañen tanto al lenguaje hablado como al lenguaje musical.
El uso de instrumentos musicales tendría su origen en la necesidad de utilizar señales acústicas como reclamos de caza, avisos de peligros, etc., en definitiva, comunicarse con la naturaleza y entre los miembros de una misma tribu. Los instrumentos encontrados de esas épocas son de pequeño tamaño; fijémonos en que el equipaje de las tribus cazadoras y recolectoras era bastante escaso a causa de su condición nómada. Destacamos, sobre todo, pequeñas flautas de huesos que producen desde un solo sonido (en este caso son más reclamos que no son instrumentos musicales) hasta cinco sonidos con carácter melódico. De ésta época también son las pinturas de cazadores con arco, posiblemente el antepasado de los instrumentos de cuerda.

Tomado de: Alsina, P. y Sesé, F. (1994): La Música y su Evolución. Madrid: Grao.

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1 comentario:

OrianaDiazL dijo...

Yo tambien extrañaré al Maestro!