viernes, septiembre 14, 2007

El Poder Mágico de los Sonidos (Historia de la Música I )

Los primeros balbuceos y pasos de la música por este planeta serían realmente apasionantes. De la naturaleza (y consideramos el ser humano parte de ella) surgían sonidos que inspirarían las primeras intenciones sonoras del ser humano. Escuchar el entorno y utilizar las propias capacidades para imitarlo y expresarse fueron dos acciones casi simultáneas. La expresión pura y simple y la imitación de la naturaleza más cercana, como todavía pasa en algunas culturas aisladas y en la vida de los niños, sería la base de la infancia de la música y formó parte de la vida de ese Homo Sapiens prehistórico.
Esta imitación responde al deseo de deformar la realidad para obtener una fuerza mágica más grande. En algunas pinturas, por ejemplo, encontramos elementos irreales, como seis piernas para representar el movimiento, y esto ya puede argumentarse como una intención simbólica más que de reflejar o inmortalizar la naturaleza. Estos símbolos tenían una función mágica más que una función estética: el solo hecho de imitar el movimiento o de representar la imagen de cualquier animal quería decir que se tenía bajo control una parte importante de ese animal. A partir del hecho de que se puede representar, lo más invulnerable e inaccesible se vuelve vulnerable y accesible y, gracias a la magia, la humanidad puede obtener beneficios.
La imitación y las actividades protoartísticas consecuentes a esta imitación (danza, música, pintura) se iniciaron como prácticas estratégicas de caza, recolección o fertilidad. En primer lugar, se trataba de engañar a la presa con sus mismos sonidos, movimientos y bajo una piel similar para poder acercarse y cazarla. Ahora bien, si las representaciones pictóricas y las imitaciones plásticas de la naturaleza tenían la intención de poseer al animal que se deseaba cazar, las primeras imitaciones sonoras del hombre paleolítico (ya fuera únicamente a través del sonido o con movimientos corporales acompañados de sonidos) perseguían completar la posesión del animal en su esencia, su alma. Esta misma esencia mágica de los sonidos hizo que también pudiera aplicarse su poder hacia otros fenómenos menos tangibles: la climatología, la salud, etc.

Tomado de: Alsina, P. y Sesé, F. (1994): La Música y su Evolución. Madrid: Grao.

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