domingo, septiembre 16, 2007

El neolítico, el hombre sedentario (Historia de la Música, III)

Con el nacimiento de la agricultura también nacieron en el ser humano las dudas. Si una semilla que estaba aparentemente muerta podía revivir, los cuerpos inertes de los hombres o de cualquier animal también volverían, bajo otras formas, a la vida. Según algunos autores, la evolución de la magia hacia la ciencia pasa primero por un estadio religioso y después por el dominio de la filosofía. Cuando el ser humano tomó conciencia de su entorno, buscó respuestas a los hechos que no entendía: las primeras respuestas fueron mágicas; con las creencias espirituales aparecieron las religiones, y cuando el hombre percibió que podía decidir sobre sí mismo, despertó la filosofía, y cuando se dio cuenta de que podía demostrar y, por tanto, manipular la naturaleza, apareció la ciencia y, en consecuencia, la tecnología para hacerla efectiva.
La religión nació así, como un camino de esperanza y de salvación del hombre neolítico, que intentaba fusionar la magia, la práctica efectiva, con la filosofía, la moral social, etc. Los dioses eran fuerzas que lo habían creado y que lo podían castigar o premiar por sus actos. El temor a fuerzas negativas y la fe en algún elemento progenitor positivo hizo que el ser humano diera forma a su sumisión adorando símbolos que representaban estos dioses. Cualquier acción o rito ya no tenía un efecto mágico directo, sino que era desviado hacia la bendición de los seres superiores, bendición que no se pretendía que acabara en sí misma, sino que buscaba consecuencias positivas sobre el entorno. De esta manera los dioses actuaban como intermediarios entre el ser humano y la naturaleza, ya que sólo ellos la podían dominar.
A través del canto, la persona entraba en comunión con los dioses. El sonido, lo más inmaterial de cada ser, se asociaba con su parte inmortal. La música, íntimamente relacionada con el culto a los dioses, ha mantenido esta función religiosa en todas las culturas, desde aquellas épocas remotas hasta nuestros días. La falta de documentos sobre música profana no significa que no existiera. Es evidente que estaba muy presente como reflejo de la vida y del trabajo cotidiano, y que no habría de diferir mucho de la religiosa.

Tomado de: Alsina, P. y Sesé, F. (1994): La Música y su Evolución. Madrid: Grao.

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2 comentarios:

Alain dijo...

Excelente la verdad me llama mucho la atención….. Me encanta los artículos muy actuales y muy aclaratorios.

Saludos

Alain

rocio dijo...

Interesante nota. Lo mejor es que consignas la fuente. Gracias