viernes, agosto 03, 2007

Natalicio de Antonio Lauro

Este gran músico y compositor venezolano nace en Ciudad Bolívar el 3 de agosto de 1917, hijo de un barbero y músico italiano y de madre guayanesa, se trasladan a la ciudad de Caracas cuando tenía 9 años de edad. Comienza desde muy joven sus estudios de teoría y solfeo en la Academia de Música y Declamación (Escuela Superior de Música José Ángel Lamas) donde recibe clases de Vicente Emilio Sojo, Juan Bautista Plaza, Salvador Llamosas y Raúl Borges quien fue su maestro de guitarra entre 1930 y 1940. Para costear sus estudios musicales y cubrir sus necesidades trabajó como guitarrista acompañante en programas de la Broadcasting Caracas (actual Radio Caracas Radio). También fue integrante del orfeón Lamas, donde musicalmente le tocaba hacer la voz del bajo. En 1935, creó un conjunto musical llamado Los Cantores del Trópico, en el que comenzó a destacar como compositor y arreglista, particularmente de piezas para guitarra. En 1940, al recibir su título de maestro compositor se dedicó formalmente a la creación musical.
En 1947, compuso una de sus primeras obras de importancia, el poema sinfónico con solistas y coro Cantaclaro, inspirado en la obra homónima de Rómulo Gallegos. Victima de persecución política, estuvo preso durante los años 1951 y 1952, tiempo en que escribió diversas piezas musicales, entre ellas Misterio de Navidad y las composiciones para guitarra solo, Suite Venezolana y Sonata. Luego se exilia en el exterior hasta la caída de Pérez Jiménez, donde aprovecha perfeccionarse en el arte de la guitarra.
La obra de Antonio Lauro se inscribe en lo que se ha denominado la Escuela Nacionalista Venezolana (o Venezolanista). Su estética musical se propuso elaborar una obra culta, académica, partiendo de evidentes referencias nacionales, seguramente influencia de sus maestros a quienes también se les enmarca dentro de ésta corriente. Aunque cada uno de ellos desarrolló un estilo propio y la respectiva calidad de sus obras es desigual, todos son coherentes con la realidad socio-cultural que atravesaba el país. Y así como la obra del maestro Lauro se enmarca dentro de la realidad venezolana también se visualiza dentro de la perspectiva estética de Latinoamérica, por lo menos hasta el Concierto para guitarra y orquesta (1956).
Lauro tenía la convicción de que el folklore latinoamericano aún tenía mucho que dar frente a una Europa que había explotado al máximo el suyo. Entendía la situación actual de la música europea como el resultado natural del desarrollo y asimilación de su música popular durante siglos. Así, el deseo de disolución de la tonalidad, según Lauro, estaba en correspondencia con el momento musical y social de Europa, específicamente, y por tanto no podía ser utilizada como referencia obligada al evaluar la contemporaneidad de toda la música actual. Consideraba que el nacionalismo no era una moda ni una escuela circunstancial que sería fácilmente superada. Era una potencialidad artística y social al alcance de quien pudiera hacer con ella obras de genio. Mientras el folklore no se desvirtuara, no se agotara, habría posibilidad de crear obras nacionalistas de validez estética. "Consideraron que el nacionalismo no ha concluido. Hay todavía una vena, una veta que explotar. Todavía nuestros países tienen mucho que decir" (Lauro, 1985). Además había llegado el momento propicio para incorporar el aporte latinoamericano a la historia de la música occidental. El nacionalismo artístico latinoamericano tenía su hora, como la tuvo el italiano, el alemán, el austriaco y el ruso, en sus respectivos momentos. Por otra parte, Lauro entendía el nacionalismo como una defensa frente a las corrientes alienantes del mundo económicamente desarrollado. El nacionalismo artístico se enfrentaba a enemigos externos o internos, que propugnaban un arte universal contemporáneo único, cuyo centro de referencia estaba en Europa o los Estados Unidos. Con profunda sabiduría planteó el problema como algo global y no meramente musical. Detrás de esas premisas artísticas se revelaban intenciones de un orden más general de sometimiento. "Las potencias de dominación económica que desarrollan un nuevo colonialismo no están interesadas en la existencia del nacionalismo artístico, porque éste puede ser, peligrosamente, coyuntura que despierte el nacionalista económico" (Lauro, s.f.). De aquí su beligerancia en todo lo que significara la defensa de lo nacional, lo que entendía como suyo-nacional. Y su obra era la respuesta: "Yo me he hecho el propósito de cultivar el Nacionalismo, primero, por verdadero placer y segundo, por el mayor placer de molestar a los enemigos de mi nacionalidad" (ibidem).
Aún así, Lauro se impuso la tarea de conocer las técnicas contemporáneas, más para reafirmar el camino que se había trazado que para encontrar nuevas respuestas a su necesidad creadora. Sin embargo, no quedó satisfecho con sus resultados, ya que esta experiencia estuvo condicionada, en buena medida, por una visión a priori negativa de ellas. La apreciación de la música contemporánea como un triunfo de la razón sobre la emoción y los sentimientos, no llegó a convencerlo. Sin embargo, Lauro percibía que si esos conceptos tenían validez en su momento y circunstancia, la repetición artificiosa de los mismos les quitaba toda razón y causa. Con sagacidad exigía renovación a quienes se propugnaban precisamente como renovadores.
Lauro rechazaba toda forma de serialismo por considerarlo una norma, una restricción de la libertad del artista. Para él prevalecía un concepto de la obra como generadora de emoción. Esta era su clave, la música debía emocionar, fuese cual fuese el procedimiento o el material sonoro que empleara. No llegó a emplear recursos electroacústicos, pero reconocía en ellos la capacidad de ensanchar el universo sonoro, en virtud de sus posibilidades expresivas. "La música electroacústica está todavía en etapa experimental. Creo en ella por el universo de riquezas tímbricas que ofrece. No creo que esté reñida con la tradición, porque si es utilizada por artistas veremos reflejada toda la sensibilidad que cada creador sea capaz de imprimirle" (Lauro, 1985).
Algunos de los reconocimientos que recibió a lo largo de su carrera artística son el Premio Vicente Emilio Sojo, en sus ediciones de 1948, 1955 y 1957 y el Premio Oficial de Música, en los años 1947, 1948 y 1950. En 1985, le fue otorgado el Premio Nacional de Música, en reconocimiento a su trayectoria y talento musical. Entre sus composiciones más importantes se encuentran Natalia, María Luisa (dedicada a su esposa), El Negrito, Cantaclaro, Tatiana, Andreína, Yacambú.
Aunque existen pocos trabajos formales sobre la trascendencia de su vida, se han publicado algunos libros tales como Antonio Lauro, un músico total, de Alejandro Bruzual; y artículos en revistas especializadas como la Revista Nacional de Cultura (1953) y la Revista Musical de Venezuela (1986).
Muere en la ciudad de Caracas, el 18 de Abril de 1986. Su obra permanecerá en el tiempo de la mano de quienes asuman el compromiso de hacer de la música venezolana primera prioridad de gran potencialidad artística y social.


Tomado de la versión 1.0 de Educación Musical en Venezuela, 18 de Abril de 2006.

Puedes decargar la Partitura de Natalia Vals Venezolano No.3 desde Aquí. O si prefieres en Tablatura - Partitura.

En este enlace se puede descargar las partituras de: Aire de joropo, Carora, El Negrito, La Gatica, María Luísa, Vals Venezolano No.1, Vals Venezolano No.2

Tríptico:
Armida, Madrugada y La Negra.

Otras obras:
Pasaje Aragueño, Tatiana, El Marabino

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2 comentarios:

Blog de LuisMA dijo...

Tuve el privilegio de compartir mucho con varios guitarristas de varias nacionalidades durante mi estadía en Paris. Ellos me decían que Natalia es una pieza obligatoria en los conservatorios. Uno de los músicos Venezolanos mas reconocidos y aquí no se sabe mucho de eso.

lenin dijo...

Oye alfredo muy buen blog muy nutritivo en cuanto informacion soy Lenin Peinado y tambien estudio Musica en la MIsma universidad, espero qu7e sigas así.