martes, agosto 07, 2007

Calidad y Educación.

Siempre que se trata de abordar algunos conceptos, o tal vez todos, uno se puede topar con la dificultad de encontrar una definición objetiva que cubra las expectativas de quienes consultan los distintos trabajos que se han hecho al respecto. En este caso, se trata de un tema en cierto modo “familiar” para todos, el cual tiene su origen en el ámbito industrial, pero que puede ser aplicado a otros, como el campo educativo. Me refiero a la calidad.
Para ello, trataré de hacer una aproximación a lo que se entiende por calidad, cómo podemos determinar si hay calidad en la educación y por último algunos aspectos a considerar para elevar la calidad educativa.
En primer lugar, uno de los más comunes conceptos de la calidad tiene como clave la satisfacción de las necesidades del cliente. Para ello es necesario tener conocimiento de cuáles son las expectativas del mismo; aplicado a la educación entonces necesitamos saber qué se espera de la educación. Pero se ha de considerar que de la educación se tienen diferentes expectativas; el Estado (que lo define en el marco legal y en el diseño del currículo), la sociedad en general, la comunidad, las instituciones educativas, los docentes, representantes y los mismos estudiantes que tienen sus propios intereses y que a la final también tienen la potestad de decidir qué aprender en la escuela.
La satisfacción parte de una necesidad y se mide según los resultados. Uno de los más cuantificables son los registros estadísticos de las calificaciones, porcentajes de aprobados y aplazados, matrícula escolar, deserción, etc. Considerando los objetivos del sistema educativo y comparándolo con los resultados obtenidos, en cuanto a estos indicadores, se puede hablar de ciertos niveles de calidad en la educación.
Sin embargo, la cantidad no es suficiente. Es por ello que también se ha de considerar la calidad en cuanto al contenido de los aprendizajes, el impacto de la educación en el desarrollo social, el aporte de la misma al aparato productivo y todos los aspectos cualitativos que indiquen una educación efectiva. De nada vale que de cien estudiantes que ingresen a la primera etapa de educación básica, cien aprueben la tercera, si los aprendizajes obtenidos no son los esperados y llegan mal preparados educativamente a las siguientes etapas, e incluso para toda la vida.
Es por ello que la calidad en la educación es un proceso integral y complejo que comienza desde el mismo diseño del currículo por parte de los especialistas gubernamentales que definen la política educativa del país. También se debe considerar la formación y el ejercicio profesional del recurso humano responsable de la educación, en este caso principalmente los docentes, aunque no puede ignorarse el papel que ejerce en la educación los padres o adultos significativos y la misma sociedad.
Si nos centramos en el docente como principal protagonista del proceso educativo y su papel dentro de la escuela, un aspecto muy importante para medir la calidad es la disponibilidad de recursos para ejercer sus funciones. Tales recursos son parte del currículo, deben estar adecuados a las necesidades de los estudiantes, a la capacidad del docente y en fin a la realidad educativa en la que se está evaluando la calidad.
En este orden de ideas, la sociedad actual se enmarca dentro de lo que se ha denominado la “Era del Conocimiento” donde los avances tecnológicos están a la orden del día. El uso de las nuevas tecnologías de información y comunicación en todas las actividades humanas hace que también sea necesaria su aplicación en la práctica educativa. Para que la educación en la actualidad sea considerada de calidad indudablemente debe integrar el uso de las nuevas tecnologías e incluso adiestrar para su máximo aprovechamiento.
Todos los aspectos antes mencionados, donde se valoran los niveles de calidad, se han de integrar también en un ambiente propicio para los aprendizajes. Es por eso que el funcionamiento de las instituciones, el cual podemos medir considerando la infraestructura como tal, laboratorios, canchas deportivas, aulas, los servicios básicos y los estudiantiles conforman un ambiente ideal para la educación de calidad.
Tomando en cuenta todos los factores estudiados hasta ahora, y admitiendo que probablemente quedan muchos por considerar, se puede decir que la realidad educativa del país nos lleva a una dura conclusión: No contamos completamente con una total calidad en la educación. Primero, hay que partir de la idea de que los patrones de calidad son muy dinámicos y sujetos a continuo cambio. Para quienes tienen en sus manos la difícil tarea de planificar la educación (en cualquiera de sus etapas o niveles) se enfrenta a la necesidad de planificar para el futuro en base a una realidad actual, que no se sabe a ciencia cierta si está plenamente identificada. Sin embargo, esto no es del todo limitante; una planificación flexible y visionaria, en mano de especialistas enfocados en un mejoramiento continuo y a proyecciones bien fundamentadas, pueden preparar el camino para que el proceso educativo vaya adaptándose a las necesidades continuamente cambiantes de la sociedad.
En segundo lugar, es necesaria la voluntad firme y convincente por parte del Estado de aportar los recursos y todo el apoyo necesario para garantizar las óptimas condiciones que se necesita la educación en nuestro país, enfocándola hacia la calidad. No sólo bastan los recursos económicos, sino hacer los ajustes necesarios en materia legal, curricular, estructural, etc. de orden mayor y que escapan de las decisiones de las instituciones educativas y los docentes.
Sin pasar a otro punto, es el Estado quien tiene la mayor responsabilidad en cuanto a hacer seguimiento continuo a las mejoras educativas para cuantificar el impacto en la calidad que se genera de las mejoras implementadas. La evaluación constante permite tener una base para tomar decisiones destinadas a reorientar el funcionamiento del proceso educativo.
Y para concluir este punto, sin cerrarse a otras posibilidades, el profesional de la docencia es garante y responsable fundamental en elevar y mantener niveles de calidad en el proceso educativo, ya sea desde la formación y capacitación profesional permanente, revisión de sus métodos y estrategias de enseñanza, la mejor aplicación de sus conocimientos pedagógicos en la praxis, la comunicación y coordinación permanente con los padres y representantes de sus estudiantes (que son un indicador principal de la labor educativa) y como conocedor de primera mano es protagonista de ese proceso de cambios y mejoras continuas está llamado a promover desde su puesto de trabajo hacia todos los niveles y direcciones los principios básicos de la calidad en todo momento.
Ensayo para el curso Gerencia de la Educación, Prof. Víctor Belisario.

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2 comentarios:

Gloria dijo...

Hola alfredo, tiempo sin saber de ti, por favor pasa por mi blog que te he otorgado un premio.

Miguel Orellana dijo...

Hola colega, te escribe Miguel Orellana, actualmente estoy haciendo un postgrado en gerencia educativa, y ya estoy haciendo mi tesis, se trata sobre la musicoterapia pero enfocado a la gerencia educativa, queria saber si tu tienes informacion sobre esto, mi email es omiguel_jose@ hotmail.com, por favor agregame a tu messenguer y hablamos, y te agradeceria que me mandes por email todo el materia posible sobre lo que te comente, gracias.