viernes, mayo 18, 2007

Evaluación de los Aprendizajes


Es imposible considerar los procesos de enseñanza y aprendizaje sin tomar en cuenta la evaluación. Cada día queda más relegada la concepción de una evaluación de los aprendizajes que sólo consiste en una mera asignación de calificaciones o notas, en la cual no tiene ninguna participación activa el alumnado, sólo esperar ser aprobado o aplazado, según los aprendizajes que el docente considere importantes.
Afortunadamente, y los ambientes educativos actuales así lo han asimilado, cada vez se toma más conciencia de que la evaluación es una fuerza positiva que fluye constantemente para proveer información ajustada a sus necesidades, reduciendo la incertidumbre que genera su propia actuación dentro del proceso.
Para contribuir con ese impulso cada vez mayor, que fortalece y propaga la idea de una evaluación continua donde el docente y el alumno son protagonistas, se hace necesario analizar reflexivamente papel que juega la evaluación en los procesos de enseñanza y aprendizaje, de manera que el estudiante de educación adquiera un conocimiento integral y progresista de la evaluación para aplicarlo adecuadamente en su praxis profesional al momento de trabajar en el ambiente educativo.
Tal ambiente debe ser propicio para el aprendizaje significativo, que sea aprovechado por el docente para aplicar estrategias orientadas al aprendizaje estratégico que tiene como finalidad formar a un estudiante autónomo, conciente de sus necesidades y capaz de apropiarse de conocimientos de calidad y cantidad tal que satisfagan sus necesidades, aún despues de clase, trascendiendo en el espacio pero también en el tiempo, de manera que garantiiza el aprendizaje en el transcurrir de los años, mucho después de haber compartido experiencias con sus maestros.
Es por eso que el maestro planifica la evaluación, no como un fin, sino como un medio para promover las situaciones de enseñanza: Este proceso le aporta información relevante sobre qué se aprende, cómo se aprende, qué estrategias y recursos aplicar para el aprendizaje, etc, pero a su vez genera información útil para el estudiante que le permite formarse una idea sobre sus propios procesos. En ambos casos (profesor y estudiante) se genera retroalimentación y se toman decisiones.
El acto evaluativo no estaría completo si no hay una toma de decisiones sobre la base de los juicios valorativos a que se hubiera llegado. Si el juicio es positivo, la decisión pudiera implicar mantener una forma de proceder; en caso contrario, las decisiones apuntarían al cambio e innovación (Alfaro de Maldonado, 2000).
Sin embargo, para que la evaluación sea realmente funcional y eficaz, primero debe ser recontextualizada en el marco del proceso pedagógico y transformarla en un proceso de reflexión y comprensión sobre la enseñanza, en la cual el docente y el alumno son los protagonistas y principales responsables.
El docente debe reflexionar para clarificar las razones por las cuales la acción didáctica produce ciertos resultados, las condiciones y circunstancias que orientan el uso de ciertas estrategias. El alumno debe reflexionar sobre sus propios logros y los de su grupo, tomar decisiones para reorientar el proceso, adquirir compromisos y cumplirlos. Por lo tanto, la evaluación se transformaría en un importante factor para el desarrollo de la capacidad de aprendizaje autónomo y responsable del alumno y de reflexión de los profesores sobre su desempeño.
Es por ello que el docente cuando evalúa los logros del alumno está valorando su propio trabajo docente, la eficacia de sus estrategias, recursos y propias formas de evaluación. El alumno a su vez evalúa su propia responsabilidad, capacidades, motivaciones, barreras y formas de hacerles frente. Los resultados obtenidos a través de la evaluación del aprendizaje orientan la toma de decisiones sobre: modificar determinados procesos, alterar ciertas secuencias, cambiar algunas estrategias, ampliar el tiempo dedicado a ciertos aspectos temáticos, plantear diferentes actividades, promover cambios que hagan más participativa la clase, etc., todas estas decisiones con el fin de introducir mejoras en el proceso enseñanza-aprendizaje (ob.cit.).
En una investigación que pretende dotar al profesorado de una serie de pautas y principios para facilitar la toma de decisiones, Díaz Lucena (2001) expone que actualmente no sólo se habla de una concepción formativa de la evaluación, cuyo objetivo primordial es la regulación del proceso enseñanza-aprendizaje, sino que también se concibe la evaluación bajo un modelo de adopción de decisiones.
Díaz Lucena (ídem) concuerda con Stuffebeam al firmar que este modelo de evaluación orientado hacia la toma de decisiones no se circunscribe exclusivamente a aquellas acciones o decisiones que el profesor adopta en los momentos significativos de la enseñanza, sino que, evidentemente, incluye todas aquellas que se orientan a la regulación del proceso de enseñanza y aprendizaje.
En cuanto a la relación entre la profesión docente y los procesos de toma de decisiones, Díaz Lucena (2001) concibe al docente como alguien que continuamente está valorando situaciones, procesando información acerca de estas situaciones, tomando decisiones sobre qué hacer a continuación, guiando sus acciones sobre la base de estas decisiones y observando el efecto de estas acciones en los alumnos.
En igual forma, el alumno debe ser protagonista activo del proceso de evaluación. Por ello, el docente debe proveer al alumno la oportunidad y orientación para que tome sus propias decisiones en cuanto a la evaluación de los aprendizajes. Tradicionalmente se ha confundido la evaluación con la mera asignación de calificaciones o notas, sin embargo es necesario convertirla en una gran fuerza positiva que provea oportunamente a los alumnos la información que los ayude a conocerse mejor, corregir sus fallas, para reorientar en forma más efectiva sus esfuerzos y capacidades (Alfaro de Maldonado, 2000).
La evaluación, utilizada para promover el aprendizaje, es un proceso que se da a lo largo de la instrucción (Alfonzo, 2003). Una de las características básicas del aprendizaje es la promoción de cambios duraderos. En este sentido, la evaluación debe ser un proceso permanente durante la instrucción y no sólo un proceso terminal, cuya función se limite a la verificación de lo aprendido y a la calificación y clasificación de los aprendices. Desde la perspectiva de Alfonzo (ob.cit.), la evaluación es un proceso que va dando cuenta del progreso del estudiante y proporciona la retroalimentación necesaria, tanto a los aprendices como al docente.
En concordancia con lo anteriormente expuesto, Laforcuade (1969) considera que la evaluación continua apunta a que tanto el estudiante como el docente dispongan de elementos de juicio que les permitan identificar los logros y los déficits que se observen en lo que se fuere aprendiendo, y a la vez disponer de información sobre el por qué de lo que acontece en el proceso enseñanza-aprendizaje. Ésta información sirve de base para aplicar los ajustes que se consideren necesarios y garantizar resultados satisfactorios. Carece de efectos directos sobre las calificaciones, pero aporta argumentos que luego podrán ser tomados en cuenta. (ob.cit.).
En cuanto a cómo evaluar los aprendizajes; Rull, Cañas, Lahman, y Ruiz Pitre (1999) citados por Flores y Martín (2006) primero clasifican los aprendizajes en conceptuales, procedimentales y actitudinales, para luego asignar a cada uno una particular manera de evaluación.
Los aprendizajes conceptuales implican evaluar datos o hechos y conceptos. La evaluación de datos o hechos busca respuestas exactas por parte del alumno; se puede llevar a cabo a través de actividades de evocación, cuando no se presentan ayudas que faciliten el recuerdo; también se pueden evaluar a través de actividades de reconocimiento, cuando se presentan ayudas que faciliten el recuerdo.
La evaluación de conceptos busca valorar la compresión que el alumno tiene del concepto; involucra técnicas como: la definición del significado, el reconocimiento de la definición, la exposición temática, la identificación y clasificación de ejemplos, la aplicación a la solución de problemas, la relación del concepto con otros conceptos del área, etc. Al evaluar los conceptos debe tomarse en cuenta primeramente la compresión más allá de la memorización, incluyendo actividades diversas que permitan al alumno manifestar de diversas maneras su comprensión.
La evaluación de procedimientos implica averiguar si el alumno posee el conocimiento referente al procedimiento, se realiza a través de preguntas concretas y las técnicas involucradas son la selección de procedimientos para solucionar una tarea, aplicación de un procedimiento en situaciones particulares, generalización de un procedimiento en diferentes contextos, explicación verbal de un procedimiento, elaboración de modelos y maquetas, corrección o completación de producciones mal elaboradas o incompletas.
La evaluación de actitudes se basa, por una parte, en las acciones manifiestas del alumno que se valoran a través de la observación directa. Por la otra, se basa en las manifestaciones verbales del alumno que se valoran a través de escalas de actitud en las que se expresa su mayor acuerdo con una afirmación, y a través de cuestionarios en los que expresa su forma de actuar frente a una situación determinada.

Referencias

Alfaro de Maldonado, M. (2000). Evaluación del Aprendizaje. Caracas:Fedupel.

Díaz Lucena, J. (2001). El proceso de toma de decisiones en la programación de la educación física en las etapas obligatorias de educación. Una aportación a la formación del profesorado. Tesis Doctoral.Universidad Autónoma de Barcelona, España.

Flores C.A. y Martín M. (2006, Mayo). Dime cómo evalúas y te diré cómo aprenden tus estudiantes. Ponencia presentada en el Foro: Aprendizaje Estratégico, Implicaciones y Aplicaciones en la Práctica Educativa, Instituto Pedagógico de Miranda “J.M. Siso Martínez”, La Urbina.

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2 comentarios:

Lycette Scott dijo...

Muy bueno el post mi amigo, se lo voy a enviar a mi mamá por correo para que le eche un vistazo.
Un abrazo

Veronica dijo...

Hola Alfredo! Yo soy Verónica Montaño, también soy estudiante de Educación Musical en el Núcleo de Maracay. Me parece muy interesante y motivante el que hallas asignado un blog a la especialidad porque creo que hay un mar inagotable de recursos por explotar. Yo desde hace algún tiempo vengo trabajando con niños donde a través de la danza les enseño los conocimientos básicos musicales, en fin pronto te compartiré alguno de los videos de mis clases así tendrás una idea del trabajo que estoy realizando y bueno somos un gran equipo aportando para el desarrollo de una calidad educativa.