viernes, diciembre 08, 2006

El Poder de la Música

"No pocos arqueólogos opinan que el poder de los sonidos funciona desde la Era Prehistórica cuando el primer ser humano, agobiado ante cualquier eventualidad, traducía su angustia por una serie de sonidos. Siglos más tarde, el filósofo Aristóteles codificó las virtudes terapéuticas de la música por considerarla una higiene mental, al tiempo que Paracelso, notable médico del Renacimiento, la usó para actuar sobre el organismo por intermedio del alma. Este es, de algún modo, el germen de la medicina psicosomática. Otros estudios datan del siglo XIX y tiene por autores a Helmholtz (teoría psicofisiológica de los sonidos) y Stumpf (la psicología del sonido).
Recientemente, la musicoterapia aborda un conjunto de técnicas que prescriben su uso con fines terapéuticos. Pero hay más. Muchos investigadores botánicos confían en los efectos de las vibraciones sonoras en las plantas, asegurando que se obtiene una mejoría en su rendimiento ya que actúan sobre el crecimiento y la salud de las células vegetales. También se le ha incorporado al ámbito veterinario, tomando como base que un relajante ambiente musical calma a las bestias e incrementa su productividad. En el área psicológica se valora a la música por su efecto inductor en el plano emocional y por su estrecha relación con las resonancias efectivas. Se entiende que el feto percibe numerosas vibraciones durante la gestación, y que al sexto mes de vida embrionaria, cuando su oído funciona, le será posible escuchar los sonidos, en especial la voz de la madre. Como memoriza lo que escucha, el feto adquiere seguridad tras una sensación de ingravidez relajadora.
Al margen de las consideraciones técnicas o científicas está claro que la música ejercita los cinco sentidos. Algún fragmento musical nos puede trasladar a cualquier época por muy remota que ésta sea, estimulándonos a percibir imágenes, aromas y sabores; hacernos palpar seres u objetos de nuestro afecto, manteniéndolos en perfecto estado, aunque en el fondo sepamos que ya no están. Y como cada propósito emocional es variable, puede tornarnos en seres alegres o tristes, profundos o superficiales, amistosos u hostiles.
Por último, existe igual tipología musical entre creador y receptor. El músico sano crea música feliz, el enfermizo la intuye pesimista, y como el oyente asimila aquella obra en correspondencia con su ánimo, es usual que se incline por la que más se ajusta a su tipología. Más allá del estricto gusto personal, nuestra capacidad para absorber la música total, sin etiqueta ni rigor ajeno, nos ayudará a comprender mejor nuestro mundo interior, e igual nos permitirá ajustarnos más adecuadamente a la sociedad que nos rodea".


Alberto Naranjo, El Mundo, Caracas, 6-12-2006, página 16.


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