Educación Musical en Venezuela

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lunes, setiembre 17, 2007

Rasgos de la cultura musical occidental en las altas culturas: Cultura mesopotámica (Historia de la Música, IV)

La en otro tiempo fértil llanura existente entre los “dos ríos” –Tigris y Eufrates- , el actual Irak, fue cuna de la más antigua de las civilizaciones humanas conocidas (Crossley-Holland, 1972).
Aquellos pueblos eran animistas: Toda la naturaleza, para ellos, estaba viva: Era Ramman, dios del trueno, quien destruia sus cosechas; era Ea, soberana de las profundidades, quien anegaba sus tierras. Pero gracias al homenaje de la voz humana y de los instrumentos musicales, Rammam y Ea se sentían aplacados: el aliento de Ramman era como el sonido del halhallatu (especie de flauta), el balag (variante del tambor, que tenía forma de un reloj de arena) estaba inscrito con el signo del nombre de Ea. (ob.cit.)
Tales ideas, procedentes quizá de una época prehistórica anterior, servían de base al culto en los templos.

Evolución Histórica.
Crossley-Holland (1972) al referirse a la evolución histórica de la cultura musical mesopotámica, hace una clasificación de cuatro períodos; sumerio, babilónico, asirio, caldeo y uno que corresponde a los últimos cinco siglos anteriores a Cristo.

Sumerio (milenios IV y III a.C.)
A lo largo de este periodo y en los diversos cultos en honor de uno o más dioses sólo se cantaba un himno o salmo. La liturgia frecuentemente estaba constituida por una serie de lamentaciones, de cuyos textos se conservan numerosos fragmentos, en los que se advierte la existencia de de formas poéticas considerablemente evolucionadas.
La técnica del canto litúrgico comprendía la del responsorio (canto alternado entre sacerdotes y coro) y la de la antífona (canto alternado entre dos coros). A cada poema correspondía un canto propio (sir sumerio), canto al que se atribuía un ethos particular que, o bien facilitaba la comunión con una determinada deidad, o bien dotaba a esta deidad de características mágicas precisas.
Todos los intentos realizados para transcribir en notación actual lo que se supone que fue el texto musical de un himno sumerio han sido desgraciadamente incapaces de aclarar el enigma de aquella música.

Babilónico (siglos XIX – XIII a.C.)
Hacia el año 1830 A.C. , después de más de dos milenios de cultura predominantemente sumeria, los pueblos semitas de la parte norte del país (Akkad) alcanzaron un alto nivel cultural. Los babilonios se convirtieron en un pueblo gobernante durante tres dinastías, aproximadamente unos quinientos cuarenta años (hacia 1830-1270 a.C.). El culto religioso de un solo himno o salmo fue sustituido por un régimen litúrgico completo, en el que se combinaban varios de los himnos o salmos (de cinco a veintisiete), y se alternaban con intermedios instrumentales.
Se ha comprobado que muchos de los poemas utilizados pertenecían a la época sumeria. Cada tipo de canción poseía su tonada particular y ciertos epígrafes como Una canción con la tonada “No me abatirás” parecen haberse perpetuado en la mucho más moderna tradición judía que, a su vez, reapareció en los primitivos salterios ingleses. En ese milenio ocurrió, al parecer, la incorporación de cantores femeninos al templo y la adición de movimientos procesionales a la liturgia general, todo lo cual contribuyó a acentuar el progreso de perfeccionamiento de la música religiosa.

Asirio (siglos XIII – VII a.C.)
Es evidente que debió existir a lo largo de esas prolongadas épocas, simultáneamente con una música de carácter religioso, otra de tipo profano, testimonio del trabajo y la vida cotidiana. Durante este período la música profana adquiere mayor relevancia, en virtud del importante papel desempeñado en diversas fiestas de carácter colectivo. Los músicos privados estaban adscritos a casas reales y en las cortes gozaban de gran consideración. Además de las actuaciones en banquetes y fiestas cortesanas, participaban también en festejos públicos o a veces en paradas militares. Es lógico, pues, que tales actuaciones determinaran la aparición de formas musicales más populares.

Caldeo (siglos VII – VI a.C.)
A lo largo del período caldeo, la vida musical se desarrolló siguiendo los caminos iniciados. A esta época se refiere la descripción del conjunto instrumental de Nabucodonosor (604 – 562 a.C.) existente en el Libro de Daniel, donde se cita la ejecución de la trompa, los oboes, la lira, la cítara y el arpa; por separado y conjuntamente con otros instrumentos.
En esta época los templos se convirtieron en centros de estudio, en los que los sacerdotes y los versados en liturgia, los matemáticos y los astrólogos trabajaban juntos, por lo tanto la teoría musical empezó a relacionarse muy estrechamente con estas ciencias.

Últimos cinco siglos anteriores a Cristo.
A partir de 538 a.C. , Babilonia quedó integrada al imperio persa, y así continuó hasta el fin de la dinastía seléucida (312 – 65 a.C.). Durante ese período posiblemente destacaron las formas musicales populares. Los palacios albergaban muchachas cantoras. La tradición musical más antigua parece haberse eclipsado al periclitar el país que fue su cuna (Crossley-Holland, 1972).

Instrumentos Musicales.
Es en Mesopotamia, sin duda, donde encontramos las representaciones más antiguas de los instrumentos y de la ejecución musical propios de una cultura elevada, los restos más antiguos de instrumentos verdaderos y las relaciones escritas más antiguas sobre el uso de la música. El arpa, la lira y dos o tres clases de instrumentos simples de percusión eran, al parecer, los únicos empleados en la cultura elevada más antigua; sin embargo, y aunque hay menos documentación, se sabe de la difusión de los instrumentos de la familia del laúd, especialmente en la ciudad de Larsa (Abraham, 1979), En cuanto al arpa encontramos dos clases principales: una con caja armónica baja (zagsal) las cuales son una derivación del arco guerreo al que se le han agregado algunas cuerdas, y otra con caja armónica superior (zaggal) (Crossley-Holland, 1972). La escasez de instrumentos de viento en este período es asombrosa y las rarísimas representaciones gráficas pueden no ser de instrumentos musicales (Abraham, 1979).
Sin embargo, se han encontrado representaciones de hombres que tocan largos tubos cónicos que podrían ser trompetas. Lo que se puede afirmar con certeza se basa en los hallazgos de una flauta doble de plata, de unos veintidós centímetros y medio de longitud, un caramillo con cuatro agujeros para los dedos y otro con uno, tal vez, un instrumento de lengüeta, hallados en la tumba de Ur y en la actualidad expuestos en Filadelfia (ob.cit.).

Aportes a la cultura musical.
El uso del arpa y la lira en la música instrumental, los cantos corales para interpretar himnos y salmos religiosos, con aspectos de la cultura musical mesopotámica que trascendieron a épocas posteriores a territorios lejanos, llegando hasta Europa, evolucionando en diversos instrumentos y formas musicales, como en el caso del laúd (Crossley-Holland, 1972).
Los caldeos creían que el universo y el hombre se encontraban estrechamente relacionados, y la música hecha por los hombres debería reflejar esa perfecta armonía para poner ambos mundos en consonancia. En tales estudios había una gran parte de especulación matemática y otra de simbolismo, que implicaban numerosas correspondencias cósmicas, representadas por las divisiones armónicas de una cuerda tirante.
Así, las divisiones primarias de la longitud de una cuerda daban cuatro intervalos que, en proporciones matemáticas, pueden expresarse de la siguiente forma: 1:1 (unísono); 1:2 (octava); 2:3 (quinta), y 3:4 (cuarta). Estos intervalos correspondían con las cuatro estaciones (primavera, verano, otoño, invierno). Las propiedades de los números particulares también eran importantes, especialmente las del número 4 y el 7, siendo probablemente este último el número de notas de la antigua escala caldea.
Aunque el conocimiento de tales materias nos llegan principalmente por las obras de varios escritores clásicos (Filón, Plutarco) que se refieren a los caldeos, hay poderosas razones para creer que, tras un largo período de estudio en las escuelas mesopotámicas, el filósofo Pitágoras (siglo VI a.C.) llevó la teoría de los armónicos y los principios de la escala musical a Grecia, que más tarde pasarían a Europa. Es muy posible, pues, que los orígenes de nuestra escala musical y gran parte de nuestra teoría de la música procedan de Mesopotamia, si bien han debido experimentar considerables variaciones a lo largo de las sucesivas etapas a través de las cuales se han transmitido. (Crossley-Holland, 1972).

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